Un “antológico” preludio suelto. Estudios de grabación caseros: homenaje a las doble pletina….

Cuando estudiaba bachillerato (1987-1990), me aficioné a la música. De mi madre me traje la afición a la lectura y de la EGB los célebres libros de Lengua española de Tusón y Carreter (todavía insuperables), y una flauta dulce de madera con la que llegué a tocar “Noche de paz”, “La barcarola” y el “Himno de la alegría” en versión speed. Aunque muchas veces fantaseé con volver a tenerla en mis manos para improvisar algún tema, lo cierto es que durante mis años en el antiguo y añorado BUP me entregué con fruición al consumo musical; en concreto, al heavy metal, que vivió su época dorada (al menos para mí) durante los años ochenta y noventa del siglo pasado: Slayer, Metálica, Iron Maiden, etc. Queen siempre estuvo: antes, durante, tras…

Un servidor vivió la época de los radiocasetes de doble pletina y de las cadenas musicales que grababan vinilos en cintas. Tuve un patrimonio discográfico, si no de coleccionista, sí amplio en el género; es más, siguiendo la moda de los “grabadores”, llegué a tener mi propio “estudio de grabación”, que no era más que un aparatoso aparato en un aparador con una etiqueta gótica muy metalera: Killer’s’tudios. Hoy contemplo las imágenes de mi adolescencia entre el rubor y el chasquido de lengua que precede al sentencioso: “ah, chiquillaje…”.

Recuerdo que un momento fetén era el ofrecimiento de hacer a un colega o, sobre todo, a una muchacha deslumbradora un recopilatorio. Con qué gusto uno seleccionaba entre sus discos y casetes los temas que iba a componer la antología musical. Todo tenía que ser medido: «Primero esta canción; luego, esta otra; ahora ponemos esta; no, esta no pega, mejor esta otra…». Si el resultado final era digno de alabanza, uno se sacaba una copia para tenerla y quién sabe si duplicarla para otro colega u otra deslumbradora muchacha.

El caso es que había en el proceso de selección, grabado y escucha una suerte de ritual que ha vuelto nuevamente a mi memoria estos días, mientras te preparaba esta… [incognita]. Un ritual basado en un propósito muy humano: que te guste lo que he hecho y que, en consecuencia, te acuerdes de un servidor cuando lo escuches o, como en este caso, cuando… [incognita]. Todo es así de sencillo; todo se reduce, en suma, a estas líneas tan simples.

LinkedIn
Facebook
RSS