Decálogo postelectoral…

Este decálogo postelectoral es una continuación del preelectoral que publiqué el 18 de diciembre.

  1. Participación ligeramente superior a las elecciones de 2011. En estas, el porcentaje se situó en 68.94%; en las del 20 de diciembre, las últimas, en 73.20%. No me lo esperaba. Confiaba en que el nivel de expectativas generado traería consigo que superásemos la barrera del 80% o, cuanto menos, que nos aproximásemos a ella. ¿Causas? Creo que la fecha de las votaciones ha podido influir, pues estamos en las vísperas de unas fiestas que traen consigo muchos desplazamientos. También puede que haya perjudicado (puede; repito, puede…) el cansancio de los votantes ante una campaña que ha durado muchísimo tiempo y que ha saturado el día a día de los medios de comunicación. Lo contemplo todo haciendo una analogía: es como si nos hubiésemos entrenado duramente durante muchísimos meses para una competición y el día que nos toca participar nos lesionamos y echamos por tierra todo el trabajo realizado.
  1. Me equivoqué con IU porque en el decálogo preelectoral señalé que, a mi juicio, obtendría mejores resultados de los que vaticinaban las encuestas, pero no ha sido así. También me equivoqué con UPyD. Pensé que algún escaño podría obtener esta formación en estas elecciones, pero la pérdida de un millón de votos (cientos arriba, cientos abajo) ha sentenciado a este partido a la práctica desaparición.
  1. El PSOE, como intuí, bajó de la simbólica cifra de 100 diputados y ha obtenido el peor resultado del PSOE desde 1977. En este panorama tan revuelto, le habrán aconsejado que no se mueva, que estos no son tiempos para hacer mudanzas y que vence quien resiste. Si el PP y C’s hubiesen obtenido un resultado que trajese consigo visibilizar con cierta nitidez un pacto, creo que la silla de Pedro estaría en claro peligro; pero ahora, que todo está tan turbio, cabría la posibilidad de que alguna carambola le hiciese presidente. Lo veo muy difícil, pero, con cierta perspectiva, no imposible; al menos, tan posible como que Albert Rivera termine presidiendo el ejecutivo.
  1. Creo que el cuarto punto del decálogo preelectoral puedo reproducirlo íntegramente en este cuarto punto del postelectoral: El Partido Popular ganará las elecciones, pero no obtendrá mayoría absoluta. Argumentarán que han ganado y que, en consecuencia, han obtenido el apoyo de la mayoría, pero no atenderán a la pérdida global de votos. Su argumento se fijará en los escaños. Podría darse un caso análogo al del parlamento catalán: mayoría de escaños independentistas; mayoría de votos por la no independencia. En este caso: muchos escaños para el Partido Popular, pero descenso abrumador de votos. Así ha sido: en 2011, obtuvo casi 11 millones de votos; en 2015, poco más de siete millones. Ha perdido 63 diputados y, tras lo que han sido cuatro años de una mayoría con tintes absolutistas, ha perdido su capacidad para negociar, para hacer amigos, para crear vías de afinidad con otras formaciones. Tendrá que cambiar muchos rostros y muchas actitudes para que sea posible llegar a consensos con otros partidos.
  1. También puedo reproducir el quinto del preelectoral en este quinto del postelectoral: Podemos no tendrá opción de gobernar, pero obtendrá una importante representación en el congreso que se distribuirá en numerosos grupos parlamentarios. Debemos prepararnos para lo que van a ser cuatro años muy intensos por parte de Podemos. Si este partido juega bien sus cartas y logra mantener un mínimo de firmeza y coherencia en su quehacer parlamentario, en las elecciones de 2019 cabe la posibilidad de que pueda darse un caso como el del PSOE de 1982 […]. Sus resultados son excelentes. Si desglosásemos el total obtenido en los diferentes grupos parlamentarios que se formalizarán (En comú, Compromís, Marea…), vemos que se va a erigir un frente en la oposición muy contundente. Pensemos, por ejemplo, en un debate como el del Estado de la Nación: ¡Cuántos portavoces van a tener la palabra durante un tiempo considerable, superior al que tienen los que pertenecen al conglomerado del grupo mixto! Cada debate parlamentario se alargará y ello va a suponer un serio desgaste para quien esté en el gobierno, que no será Podemos. Los medios de comunicación serán quienes disfruten de estos nuevos tiempos políticos, pues habrá mucho donde escoger.
  1. Reconozco que pensé que Ciudadanos obtendría fichas suficientes en la partida como para hacer alguna que otra apuesta firme con vistas a presidir el gobierno, pero han quedado desmontadas sus opciones. Tan grandes llegaron a ser sus expectativas, que un resultado tan bueno para un partido recién llegado como C’s (40 diputados) se percibe como un fracaso. En el decálogo preelectoral anoté: El hecho de que Ciudadanos sea Albert Rivera hace que muchas candidaturas, hechas deprisa y corriendo, carezcan de la necesaria cohesión. Si gana Ciudadanos, será por méritos exclusivos de Albert Rivera. Y C’s no ha ganado; no, al menos, hasta el punto de tener opciones de gobierno. ¿Pérdida de méritos de Rivera?
  1. En la provincia de Las Palmas, como apunté en el decálogo preelectoral, el PP obtuvo los diputados que señalé: 3; y el PSOE, con suerte, renovó los dos de 2011. Digo lo de “con suerte” porque en un panorama de debacle generalizada del PSOE, en Las Palmas consiguió seguir como estaba. Ahora ya tiene NC representación parlamentaria. Quevedo y Oramas volverán a sentarse juntos en el grupo mixto. Coalición Canaria, como suponía, no obtuvo diputado alguno y Podemos y C’s sí, aunque yo creía que los tendría a costa del PSOE; por lo que se ve, ha sido a costa del PP.
  1. ¿Y ahora? Yo vislumbro dos posibilidades: por un lado, el adelantamiento electoral; por el otro, el gran “permiso”. Analicemos cada opción: el adelantamiento electoral, según cómo se mire, le vendría bien al PP y a C’s. Al PP, porque podría poner un candidato (o, sobre todo, una candidata…) en lugar de Rajoy. Si el problema es el presidente, cambiándolo se deberían cambiar las expectativas. No hay que retocar mucho: sustituir a uno por otro (u otra…). Ya saben quién puede ser (sí, lo saben…). Sería una cuestión de hoy para mañana. A C’s, en cambio, el beneficio le llegaría en forma de tiempo para analizar en qué han fallado y por qué no han logrado alcanzar la meta deseada y/o esperada.
  1. Es posible que al PSOE no le venga muy bien este adelantamiento, pues cabe la posibilidad de que se acreciente su deterioro. Es una apuesta muy arriesgada que puede saldarse con otro grave fracaso en muy poco tiempo, lo que supondría el “guillotinazo” de Pedro Sánchez “ipso facto”. Yo creo que ahora mismo lo que necesita Sánchez es pasar lo más inadvertido posible, no exponiéndose mucho para que no le recriminen lo que no podrá negar: que ha obtenido el peor resultado electoral del PSOE en toda su historia. Y a Podemos, sin duda alguna, no le beneficia el adelantamiento: han llegado sus miembros con muy buen pie al parlamento y necesitan ahora tiempo para consolidar los votos obtenidos y labrarse los que han de ser los votos del futuro.
  1. En cualquier caso, un adelantamiento de las elecciones sería una decisión muy arriesgada porque dañaría la credibilidad de los políticos, que han reiterado una y otra vez que estamos ante nuevos tiempos que exigen capacidad de negociación, diálogo, llegar a encuentros… Un adelantamiento electoral demostraría que no han sido capaces de conseguirlo y, en consecuencia, que no están alineados con lo que demandan los nuevos tiempos. La única manera de salvar el escollo puede ser el gran “permiso”, como lo he denominado: que se respete al partido que tiene más escaños absteniéndose el resto de fuerzas (todas, sean de la naturaleza que sean) en la segunda votación de investidura. Eso haría que el PP siguiese gobernando el país, pero frente a un muro de 227 diputados que controlarán al gobierno hasta el más mínimo detalle. La capacidad de negociación ahora deberá ser exquisita. Y de muy poco servirá la mayoría en el Senado al PP, pues todo nace y muere en el Congreso.

Fuente de datos: Ministerio del Interior.

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