Un PP goebbeliano…

“Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”
Joseph Goebbels

Ayer se publicaron los datos del último Barómetro del CIS, el de julio de 2015, y un número importante de medios afines al partido del gobierno ha comenzado a destacar en titulares, artículos y grandes brochazos una suerte de excelencia en los resultados. Un ejemplo: se destaca la posibilidad de que pueda ganar el Partido Popular las elecciones generales de diciembre, pero se minimiza el escaso margen de la victoria que obtendría y, lo que es más decisivo, la imposibilidad de que pueda renovar su mandato el actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy. Y digo imposibilidad porque, vistos los apuntados datos -así, a vuelapluma-, se me antoja un objetivo sumamente difícil de lograr.

En el juego de retóricas en el que se hallan inmersos los políticos y los periodistas afines al Partido Popular, la veracidad, como un funámbulo, parece caminar sobre un alambre en el que la caída en la red de la verosimilitud es inevitable: todo parece “verdad”, pero en el fondo no lo es. La verdad como tal es una totalidad. No existen las medias verdades como no existen los medios embarazos. Lo que no es verdad, es mentira (en mayor o menor grado, sí, vale, de acuerdo, pero mentira al fin y al cabo).

Todos los mentados despliegan sus coloridos plumajes para despistar, hacen malabares con los mensajes, trapichean con las palabras, juegan al trile aferrándose a mantras como el de la mejora (que solo ellos ven) de la economía y la visibilidad de la luz al final del túnel, y su actitud es propia de los contumaces. Se aferran a una suerte de argumentarios de muy dudosa honradez porque caen en un error infantil: alaban lo propio sin hacer un diagnóstico real de los fallos que han cometido (salvo la estúpida confesión de que no han sabido comunicar bien los logros) y vituperan lo ajeno sin atender a la probabilidad de que alguna razón haya en las críticas recibidas.

Mas quisiera volver al citado Barómetro, pues, echando una mirada por encima, he dado con algunos ejemplos que, de alguna manera, justifican la desproporción de las excelencias que he podido leer, oír y ver hoy en los medios afines al PP. Veamos:

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Los porcentajes de encuestados que afirman que la ACTUAL situación económica es mala o muy mala son muy elevados. Los destaco en un recuadro. ¿Tiene sentido repetir una y otra vez que la economía va mejor? Sí, claro, desde el punto de vista de la retórica, el artificio se sostiene: la economía ahora va mejor que antes porque antes era horrible y ahora, por fortuna, pésima. O sea, que si establecemos una gradación en los adjetivos y consideramos que “horrible” es más negativo que “pésimo”, los afines al PP no mienten; pero sabemos que, en el fondo, sí faltan gravemente a la verdad porque venden de manera positiva una situación económica que nadie reconoce como buena.

El que SU propio Barómetro -con todos los condimentos culinarios que los gobiernos suelen echar a estas encuestas- sea tan crudo solo me lleva a una conclusión: que la situación es realmente muchísimo peor de lo que muestran los resultados. Si maquillando datos sale lo que sale, ¿qué habrá detrás de los polvos de arroz aplicados?

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La pregunta 2 es un ejemplo de sentimiento estático hacia lo que debería ser una percepción de progreso, de mejora… Que una mayoría de encuestados considere que todo está igual o peor que hace un año significa que, en realidad, no hemos avanzado. Si un gobierno no es capaz de revertir este sentimiento después de tres años de mandato, ¿por qué defiende que lo está haciendo bien y que ya se ve mejoría en…? ¿Pretenden arreglar lo que no han hecho en los próximos meses y con unos Presupuestos Generales que, en pleno debate, están causando muchísimo descontento?

Por más que hable el poeta con bellas palabras y acertados versos sobre la hermosura de una cucaracha, esta será lo que sea; de todo, menos hermosa…

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La mayoría de los encuestados sostiene que la gestión del gobierno es mala o muy mala. + La mayoría cree que no se ha mejorado la situación económica de un año para acá. + La mayoría defiende que la situación económica actual es mala o muy mala… ¿Cómo sientan estos datos al gobierno, al partido afín y a unos medios conservadores que repiten una y otra vez las virtudes de la mejoría económica? ¿Volverán a recurrir nuevamente al problema de comunicación que apuntan una y otra vez? ¿Culparán de manera grotesca a los medios de comunicación que -según ellos- hacen el juego a los partidos de izquierda para hundir a la derecha monolítica? Acusación esta última que es, como decimos por estos lares, como para mear y no echar gota, pues se olvidan quienes la formulan que el espectador, con su mando a distancia, es libre de escoger el canal de televisión que desee, libre para sintonizar las emisoras de radio que le apetezca escuchar y libre para leer los periódicos que quiera. ¿Tiene culpa, por ejemplo, La Sexta o Público, Infolibre, eldiario.es… de tener un seguimiento que los medios de la caverna (tan casposos en sus formatos y con un cuestionable rigor en el ofrecimiento de las noticias) no logran ni por asomo?

Los datos indican que la gestión del gobierno ha sido mala o muy mala; luego, el sentido común debería conducir a una cierta humildad por parte de los señalados en los porcentajes. Sería lógico echar pecho si la encuesta fuera favorable (aunque todos reconozcamos que la verdadera encuesta es la de las urnas) y, hasta cierto punto, echar maldiciones sobre su exactitud si los resultados son malos; lo que no es lógico es alegrarse cuando los datos son como los que muestran los guarismos.

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La coherencia de la encuesta es tal, que se refleja en la confianza que inspira el Presidente del Gobierno: poca o ninguna. Para la mayoría: nin-gu-na. ¿Duerme tranquilo el Sr. Rajoy sabiendo que SU propia encuesta ofrece una imagen de él penosa para los encuestados (por extensión, porque de eso va la muestra escogida, el pueblo español)? Claro que es un presidente legal (hasta ahí podíamos llegar: ganó las elecciones); mas, ¿está legitimado? Que sí, que es una encuesta, que las urnas quitan y ponen, pero es que el Sr. Rajoy obtiene una nota de…

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O sea, no es que esté suspendido -que lo está-, es que con ese resultado es IMPOSIBLE que apruebe. Y si no va a aprobar, y su gestión (como cabeza del gobierno) es pésima, y su obcecación con la economía se traduce en un rechazo generalizado… si todo esto es así, ¿por qué se empeña en volver a presentarse a las elecciones? ¿Puede su nuevo equipo de comunicación vender con estos datos alguna virtud del gobierno? ¿Hay asideros para la esperanza en el Partido Popular?

Imagino que ahora mismo el calvario que más angustia al Sr. Rajoy (el registrador de la propiedad más joven de España cuando aprobó las oposiciones) solo puede ser uno: el ser el primer Presidente del Gobierno español que, ganando unas elecciones, no repetirá mandato. Todos han repetido en el cargo y él, me da, va a inaugurar la lista de los que llegaron para no repetir y, de ahí, adentrarse en el olvido. Incluso su tan denostado Zapatero pudo repetir y eso que, en líneas generales, fue el socialista un presidente con no muchas habilidades para la economía (Rajoy, por lo que se ve, tampoco es que sea un fiera en el tema; al menos, así piensan los encuestados).

Es posible que Zapatero, quien según los peperos afines y propios dejó una herencia lamentable, no merezca el calificativo de gran presidente; sí, es posible, no voy a ponerme ahora a discutir sobre la cuestión. Es más, si lo desean, concluyamos que fue el peor presidente de la democracia (así calmamos a los cavernícolas), pero no podemos olvidarnos de que fue un presidente que pasará a la historia (no solo en el ámbito nacional, sino incluso en el internacional) por su elevada conciencia social; como lo demuestran: la ley de la memoria histórica, la ley integral contra la “violencia de género”, la ley de reproducción asistida, la ley de igualdad, la ley de Dependencia, el reconocimiento de los matrimonios para parejas homosexuales… Que sííí, que muchas de estas leyes tienen sus particulares fisuras, pero sirven como pilares sólidos -al menos en su contexto teórico- para asentar el tipo de sociedad española que queremos para el  siglo XXI, alejado del anquilosamiento decimonónico al que nos sometió la dictadura y que tanto nos costó desatar durante el último cuarto de siglo XX.

Zapatero, les guste o no, ya tiene su lugar en la historia. Sus detractores querrán ver en él toda suerte de mediocridades -que no voy a negar ni afirmar (lo malo y lo bueno ya está recogido y podrá utilizarse para los fines que sean), pero nadie le puede cuestionar el espacio que se ha ganado gracias a sus políticas sociales y  su voluntad por abrir una puerta que, por suerte, ya no se puede cerrar. Me recuerda, en este sentido, a un presidente del gobierno canario que hubo y que nunca fue santo de mi devoción, pero que logró pasar a la historia de Canarias por estar en el lugar y momento adecuados para firmar el 26 de abril de 1989, contra viento y marea, la Ley de Reorganización Universitaria de Canarias, la ley que dio paso a la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Me refiero a Lorenzo Olarte Cullen; repito, un político que jamás logró mi confianza como elector, pero que supo hacer algo tan meritorio por lo que será recordado.

¿Y el Sr. Rajoy? ¿Pasará a la historia por la puerta grande que él esperaba? ¿Dejará un legado que podrá se recordado al margen de sus fortunas y adversidades en el ejercicio del gobierno? Insisto: debe ser muy duro ser el primero que no repetirá en el cargo y saber que se deja el gobierno con un nivel de credibilidad ínfimo.

Ahora vienen las elecciones catalanas del 27 de septiembre. La previsión para el Partido Popular (con Albiol a la cabeza) es francamente mala; y uno, que ve los datos de las andaluzas, los de las municipales y autonómicas, y las previsiones de las catalanas, no puede evitar ver al Partido Popular como un boxeador que ha caído dos veces a la lona noqueado. Sí, noqueado porque las andaluzas y las municipales y autonómicas (aunque hayan obtenido muchas victorias particulares) les ha roto por completo los expectativas de sentir cierto respaldo del pueblo a sus acciones gubernamentales.

Lo interesante de lo sucedido el pasado 24 de mayo no es que, días más tardes, muchos pactos permitiesen configurar mayorías de gobierno en muchos lugares donde ganó el Partido Popular (pactos tan legales como lo es la presidencia del Sr. Rajoy); sino que había una conciencia clara de rechazo absoluto al Partido Popular. Hubo, incluso, una queja que recogieron los medios de comunicación acerca del malestar que tenían muchos miembros de este partido por que nadie quería sentarse a negociar con ellos ninguna combinación para lograr una mayoría. Vamos, como si fueran apestados…

Es llamativo este con el PP no hay nada que negociar porque verbaliza un rechazo por parte del resto de los partidos políticos que, como representantes de sus electores, sienten que las acciones gubernamentales llevadas a cabo por el Partido Popular son valoradas de manera muy negativa. Claro que hay una cierta voluntad electoralista con esta repulsa (¿quién lo duda?), pero es relevante que exista este contigo, ni agua, porque es la fiebre que avisa del desajuste del organismo. Todos los partidos manejan datos y saben que el pueblo español, en su mayoría, no solo está disgustado con el PP, sino que, además, está molesto, irritado, cabreado… y la formación política que pacte con ellos estará jugándose muchas de sus posibilidades de cara a las elecciones generales.

Por eso creo que las elecciones andaluzas y municipales y autonómicas dejaron noqueado al Partido Popular, porque mostraron con incuestionable claridad el elevado nivel de  repelencia que sus políticas estaban generando, lo que, a mi juicio, se volverá a constatar en las catalanas del 27 de septiembre. Todo parece apuntar a que un nuevo gancho les hará caer… y ningún boxeador que muerde el polvo tres veces termina ganando el combate (salvo que, metafóricamente, haga uso de una pistola y le pegue un tiro a su contrincante; o sea, salvo que le dé por aprobar y poner en práctica leyes represivas e hipoteque al país con medidas más propias del circo y pan romano que de un gobierno serio y responsable -con sentido común, como le gusta decir al Sr. Rajoy;. sí, sí, ese, el primer Presidente del Gobierno español que, ganando unas elecciones, probablemente no repetirá mandato-).

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Coda: ¡Qué arte tan hermoso el de la literatura! Quizás, por ser una herramienta tan “peligrosa” (permite la proyección de ideas especiales, la construcción de  mensajes que pueden calar hondamente en el intelecto y el descubrimiento de trampas lingüísticas) la han diezmado tanto en Secundaria. Y mira que hacen uso de este arte bello los políticos…