Algunos enfoques tras el 26J…

La denominada como segunda vuelta de las elecciones del 20 de diciembre se ha resuelto con estos datos:

  • Partido Popular: 137 escaños (14 más que el 20D)
  • PSOE: 85 escaños (5 menos que el 20D)
  • Unidos Podemos: 71 escaños (= que el 20D)
  • Ciudadanos: 32 escaños (8 menos que el 20D)

Si consideramos que las elecciones generales han sido legales, limpias, transparentes, correctas y democráticas, no hay lugar para la duda: el Partido Popular ha ganado las elecciones. Eso hay que reconocerlo sin atisbo de dudas y sin tramposos cuestionamientos. No era mi opción favorita, lo reconozco; es más, era la peor de todas las opciones posibles para mí (si dejamos de contar a formaciones como Vox, por ejemplo). Pero el caso es que ha ganado los comicios y ha conseguido consolidar su posición de partido aspirante a revalidar el gobierno de la nación. Nada que objetar al respecto.

Los 14 escaños de más obtenidos vienen, a mi juicio, de los perdidos por Ciudadanos más del interés por participar en las elecciones de aquellos votantes que le dieron la mayoría en 2011 y que el 20 de diciembre optaron por no ir a votar. No creo en la relación que pueda haber entre los escaños ganados y la curiosa similitud con los escaños perdidos por Ciudadanos y el PSOE.

El PSOE ha perdido estas elecciones con claridad. Se ha equivocado de adversario. Se ha empeñado en sostener un ataque desproporcionado hacia una banda que, con una negociación eficaz, le podía ser favorable. La derrota del PSOE es general en casi toda España, incluida Andalucía. No puede echar la culpa a Unidos Podemos de su fracaso el 26J porque la coalición no se vio beneficiada por su fracaso electoral. La culpa está en ese PSOE que presume de tener más de un siglo de existencia y que no ha sabido hacer uso de la experiencia que da el haber estado en tantos frentes complicados en todo este tiempo. Su ejecutiva y su candidato son los responsables de que muchos de los que le votaron en diciembre ahora hayan optado por no hacerlo.

¿Realmente consuela al PSOE afirmar que siguen manteniendo la hegemonía de la izquierda? ¿Es consuelo suficiente esta razón cuando han perdido cinco escaños y se les recordará por haber firmado un pacto con una formación, Ciudadanos, que se vanagloriaba de haber conseguido que el 80% de sus propuestas fueran reconocidas por la otra parte?

Una mirada con perspectiva al lema y contrastada con el resultado obtenido nos lleva a una conclusión que no debe ofrecer duda alguna: no es “la fuerza del cambio”; y si lo es, habrá que pensar que, quizás, esos indecisos a los que apelaban infructuosamente han considerado que es la fuerza de un cambio “a peor”. Y ya se sabe (el propio Sánchez lo ha dicho en campaña), entre elegir lo malo y lo peor…; pues eso, que la gente ha optado por lo primero, por lo que se ve.

Creo que Sánchez se ha equivocado gravemente desde el 20 de diciembre a la hora de aceptar algunos consejos o asesoramientos de su círculo más próximo. La repetición, rozando el patetismo, de que no había sido presidente por culpa de Podemos le ha llevado a que ni los suyos (esos socialistas de corazón que reclamaba) le hayan dado su apoyo.

Pero esta noche dormirá tranquilo el candidato: le consuela el que Unidos Podemos no haya ganado en escaños ni votos a su partido y que Susana Díaz empiece a estar asustada ante la pérdida tan severa que ha sufrido el partido en Andalucía, lo que le llevará a no intentar el acceso a la Secretaría General. Pues bien, el que no se consuela es porque no quiere.

Unidos Podemos (antes Podemos y sus confluencias, por un lado, e Izquierda Unida, por el otro) no ha avanzado, es cierto; pero tampoco ha retrocedido. Desconcierta esta carencia de evolución porque nos habíamos acostumbrado a verlos crecer constantemente. Se han estancado. Eso es lo que los números nos dicen. Pero también nos informan de otro dato que, a mi juicio, es bastante interesante: si con una campaña mediática tan dura como la recibida, con el inclemente ataque recibido por parte de todos los partidos y con la precipitación con la que se formó la coalición ha mantenido el mismo resultado que el 20D, entonces habrá que concluir que son dueños de un suelo electoral muy firme.

Unidos Podemos me recuerda a un alumno que en Primaria era brillante; en Secundaria, brillante también; en Bachillerato, brillante; y brillante en el primer año de carrera, pero que al llegar al segundo año sabe lo que es suspender. ¿Alguien es capaz de vaticinar en estas circunstancias un futuro incierto para este alumno? Pensamos que han fracasado porque nos hemos acostumbrado a ver cómo en dos años sus posiciones han evolucionado siempre de manera positiva; o sea, que nos hemos habituado a sus éxitos. Desde el momento en el que los resultados no han sido como se había previsto, interpretamos que lo obtenido es negativo.

Falta perspectiva con esta coalición; y no solo en los agentes externos, sino en los propios miembros. ¿Que se han confiado porque las encuestas marcaban una senda que luego no se ha dado? Sí, por supuesto. ¿Que les ha podido un cierto aire de autosuficiencia a la hora de creerse invencibles? También. Pero atesoran una fortaleza interna que, bien gestionada, les ha de llevar muy lejos. Los representantes de la formación son jóvenes, y tienen un bagaje intelectual y una capacidad comunicativa que superan con creces a buena parte de los homólogos de otros partidos.

Ciudadanos no ha perdido tanto en estas elecciones. Es cierto que, para una formación que se estrenaba en diciembre en el Congreso de los Diputados, la pérdida de ocho diputados es un revés tan inesperado como doloroso, pero mantienen intactas todas las posibilidades negociadoras que ya demostraron tras el 20D. Si entonces lo intentaron con el PSOE, ¿qué les impide hacerlo ahora con el PP?

El único escollo que tienen se llama Rajoy. Ha sido tan reiterativo su “con Rajoy, nunca” que ahora les va a costar mucho comprometer su voto para que Mariano siga al frente del gobierno.

Con este panorama, creo que nadie puede cuestionar el que Rajoy opte a la investidura; mas, ¿a qué precio? El Partido Popular ha demostrado en los últimos cuatro años que, sin mayoría absoluta, no es capaz de gobernar. Ahora ha ganado, pero no tiene el respaldo de la mitad más uno de los diputados. Tendrá que buscar un pacto de investidura que le costará sangre, sudor y lágrimas. Podrá acceder al poder ejecutivo, pero actuará teniendo que negociarlo todo y no de cualquier modo ni frente a una pandilla de estómagos agradecidos, sino frente a una cámara que podrá decir “no” a todo lo que no goce de unos mínimos acordes a los diferentes criterios representados.

¿Hay que permitir la investidura de Rajoy en este momento? Sí, es lo más razonable. El gobierno tiene que empezar a funcionar como sea. Dado que dar el “sí” es doloroso para casi todos, ¿qué tal una abstención generalizada? ¿Qué tal si inauguramos la legislatura con un acuerdo global consistente en que todos los diputados se abstienen en la investidura, menos los del Partido Popular, que votarán a favor?

Cuando arranque el gobierno, la oposición tendrá que convertirse en el verdadero contrapoder; y aquí no valdrá que el PSOE siga lamiéndose sus heridas por la oportunidad perdida, o que Unidos Podemos no baje el listón de sus pretensiones para que las negociaciones puedan contentar a muchos, o que Ciudadanos sea ambivalente, o… Si lo miramos con la adecuada proyección, la Lomce se puede derogar; la ley mordaza, también; la ley electoral se puede cambiar y los presupuestos, mejorar… Si en el tiempo de descuento de la anterior legislatura se presentaron tantas medidas con tantos apoyos (que luego no cuajaron, es cierto, por circunstancias administrativas), ¿qué impide ahora que estas medidas puedan salir adelante?

Supongo que ahora tendría que apuntar algo sobre los representantes canarios elegidos. Como he hablado de diputados, me ceñiré a este grupo: ninguno me inspira confianza alguna. Lo siento mucho por ellos y más por nosotros, los canarios. Nos habrán vendido sus virtudes, se habrán llenado la boca de “agenda canaria” y mil lindezas por el estilo, pero no puedo comprarles la mercancía porque no creo en su capacidad de gestión. Como personas serán maravillosos, no lo dudo en lo más mínimo, pero como políticos… Y aquí, ya ven, no se escapa ninguno. Todos, en el mismo saco, sean del color que sea.

Ojalá esté equivocado y de entre los elegidos aparezcan auténticos diputados que sepan defender a Canarias. Nada me gustaría más que cometer este error y pedir perdón por mi desconfianza. No se me caerán los anillos cuando me desdiga porque eso querrá decir que están haciendo mucho bien por esta tierra que todos amamos.