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Pérez Casanova, una oportunidad para no olvidar

Oportuno, que no oportunista, es el último trabajo del profesor Guerra Aguiar, centrado en la figura de Gonzalo Pérez Casanova, un distinguido científico y catedrático del IES Pérez Galdós que se convirtió, precisamente por ser quien era, en una víctima más de un régimen sostenido sobre la sinrazón de la violencia, la maquinación y el ensañamiento. Su título: La represión franquista contra Gonzalo Pérez Casanova (Mercurio Editorial, 2021).

Insisto en lo de oportuno porque, a mi parecer, llega justo cuando, de manera incomprensible, se ha asentado en la cotidianeidad de los medios informativos y, por extensión, de la sociedad misma la presencia de individuos que defienden con descaro consignas que hasta hace poco considerábamos desfasadas y propias de un pasado que no debería volverse a repetir.

Por un lado, están los negacionistas de la ciencia (terraplanistas, antivacunas, etc.), que siempre han existido, pero que, tal y como yo lo veo, hasta ahora se habían mantenido al margen, quizás por prudencia, tal vez por el desdén que recibían de quienes atesoraban dos dedos de frente, o por…, en fin, lo que sea. Ahora han asumido un protagonismo desmedido. Sus estupideces son difundidas y sirven de sustento a seres que deberían ser ninguneados por la notoria publicidad de su ignorancia y mala intención.

Por otro lado, encontramos a los que acompañan a este grupo, una suerte de dañinos emuladores de los que amargaron la existencia a Gonzalo Pérez Casanova y de cuantos, como él, solo cometieron el mal de agarrarse al rigor científico y a la fortaleza moral que daba su ideología de paz y convivencia. Esos son los peores porque, desde sus puestos de responsabilidad, defienden a los primeros y alientan a que continúen con el mal que ocasiona la difusión perversa de sus ideas.

Oportuno es este libro; oportuno y necesario; indispensable, diría yo, como homenaje a quienes, siendo ejemplares para nuestra sociedad, fueron represaliados por su ideología o su quehacer (capítulo II) o por estar en el punto de mira de los que van en contra de la ciencia dando por buena cualquier superstición (capítulo III): Antonio José Ruiz de Padrón, Gregorio Chil y Naranjo, Benito Pérez Galdós y Blas Cabrera Felipe, son los cuatro referentes que ocupan al profesor Guerra Aguiar.

En cada página de su libro, una razón para defender la libertad bien entendida, la que va más allá de los simplistas márgenes del hedonismo. La libertad para el conocimiento, para la discrepancia desde los cauces del respeto, la consideración hacia quien no comparte tus ideas, el afán constructivo por formar parte de una sociedad cohesionada por su cultura y su proyecto de futuro.

Ese es el gran trasfondo de esta obra que nos ocupa, distribuida en seis apartados, dedicando el cuarto al protagonista del libro; y sustentada por la inmensa devoción de su autor hacia la docencia y el conocimiento científico, entendido como el resultado de haber aplicado los más precisos análisis a los hechos objeto de estudio; y, en última instancia, hacia esa sociedad de la que forma parte y a la que ha contribuido siempre con su ejemplar quehacer pedagógico e intelectual.

La represión franquista contra Gonzalo Pérez Casanova aborda un periodo de nuestra historia reciente (aún viven quienes lo padecieron) muy duro y muy difícil; una etapa que, en la actualidad, está siendo defendida y alentada por colectivos que se han propuesto transformar el dolor cicatrizado en la memoria de los nuestros en una suerte de Arcadia idílica donde todo estaba envuelto en paz y concordia cristianas. Aquellos terribles y complicados tiempos pueden volver si permitimos que unos vociferen impunemente e infesten las vías por donde ha de circular el conocimiento sano, el vivificador, la savia que nos mantiene sujetos a un amable presente y enriquece las perspectivas de disfrutar de un grato futuro. El valor de este libro y, con él, de su autor está en que serían prohibidos, censurados y vilipendiados si el maligno virus de la mentira, la manipulación y el desprecio por la historia consiguiese su propósito de envenenar aquello que ha de alimentarnos como sociedad.