«Parapetos» fiscales…

¿Puede alguien considerarse un patriota y llevarse el dinero que ha ganado en su país a uno de los tantos paraísos fiscales que existen y que se niegan a repudiar los gobiernos democráticos occidentales (donde reside -según sus mandamases- el «sentido común»; donde -según sus «mandamales»- se hace y se cumple lo que se tiene que hacer y cumplir)?

¿Es aceptable conocer para qué sirven los paraísos fiscales y que las autoridades nacionales no promuevan una iniciativa para condenar, impedir, prohibir, castigar… su uso? Dejemos clara una cosa: cuando un empresario o un político, o…, se llevan la pasta a un paraíso fiscal, en lo último que piensan es en sus compatriotas. Lo que ganan aquí, lo guardan allí. No dejan que el dinero circule en el mismo territorio del que se declaran amantes.

Mis cuatro duros, señores patriotas, se ganan con sudor aquí y aquí se invierten: en mis compras, en mis impuestos, en mi día a día… Y si la respuesta a mi situación por parte de ustedes es: «Claro, ¿a dónde vas a ir con cuatro duros?»; entonces no me queda más remedio que desear que se pongan en marcha los mecanismos necesarios para que ustedes (como la gran mayoría de habitantes del territorio que les hemos permitido ganar lo que tienen) se queden con nuestros mismos cuatro duros y arreando, que es gerundio.

No me quejo ahora de los millonarios que ganan la pasta aquí y se la pulen aquí (me gustaría saber -eso sí- cómo han logrado atesorar su fortuna, pero eso es harina de otro costal), sino de los que se benefician aquí y eluden su compromiso con la patria que dicen defender entre procesiones, juras de bandera y golpes «goriláceos» en el pecho.

A estos evasores -qué rabia me dan-, les prohibiría votar y participar en el noble ejercicio de la representación ciudadana; y les vetaría para ser beneficiarios de buena parte de lo que la sociedad le da a los suyos de manera solidaria para contribuir con el bienestar general: becas, ayudas, financiaciones…

No a los especuladores del dinero; no a quienes, por medio de arquitecturas financieras entendidas por unos pocos, mueven, trasladan, transforman, disfrazan… los capitales que, labrados en la tierra, contribuirían a que esta fuese próspera.