Después del tránsito de ayer (31 de enero de 2026), acaecido a las 11 horas, queda definitivamente confirmada la falta de rigor científico y diligencia administrativa de quien llegue a sostener, sea por el medio que sea, cuando sea, donde sea y ante quienes sean, que fallecí con 52 años. Como mínimo, si se diera el caso, será con 53. Ya veremos en los próximos doce meses si es posible (o no) fijar este límite en los 54. He dicho.
