En la recámara no había cartucho alguno. Demostrado. A las pruebas me remito: acabo de escribir esto, tú lo verificas. La fortuna se alió, diremos. Hace un año, giramos el cilindro. Como siempre. Una, dos pasadas. Como la ruleta. Y apretamos el gatillo. Es el instinto. En eso consiste vivir. Sobrevivir es el silencio que queda cuando entre el percutor y el final del cañón solo existe el vacío. Escapamos. Otra vez. Nadie de los que ahora alcancen a leer esto caerá en 2025. Ya no. Constatado el hecho, hemos aceptado el nuevo revólver. 2026. Hemos girado otra vez el tambor. Una, dos pasadas. Como la ruleta. Acabamos de accionar el disparador. Disponemos de doce meses para saber si el martillo ha dado o no en el culote. ¿Nos reuniremos otra vez en 2027?
