De la vida VIII. Senado de los egos 5

Soltadas Dos Texto 17 Senado De Los Egos

¿Por un poder absoluto me preguntan, senadores? Lo tengo claro: el de los que deciden tu futuro. ¿El de los que te quitan la vida dándote la muerte? No, ese no. Pienso en el de los que, sin llegar a conocerte de manera cabal, sin saber de ti ni de tu pasado, ni de tus temores o pensamientos, ni de los resquicios de bondad que puede haber en tu corazón o de las debilidades que tu mente encierra, determinan cómo has de vivir tras su última palabra, pues, sin darte muerte, te matan y, dejándote respirar, te quitan la vida. ¿Mayor poder? Ninguno atisbo que lo supere, sobre todo porque una vida sola tenemos y esta es perecedera. Los dueños de la última palabra, que protegen y dirigen al colectivo, pueden no tener en consideración, por vaya uno a saber qué razones, la relevancia de una individualidad. Por eso necesito creer, más ciegamente que nunca, en la justicia, en su imparcialidad, en los fundamentos que la erigen como poder independiente. Necesito creer en que todos los ciudadanos la respetamos y no gestamos en torno a ella las cizañas de la desconfianza ni el veneno de la insidia. Necesito convencerme de que existe el amparo de la justicia, que se atenderán a mis necesidades cuando sea denunciante y que se me juzgará con propiedad y precisión cuando sea acusado.