El aterrizaje

—Nos aproximamos al aterrizaje. Esta es la primera fase. La siguiente, se ha denominado Soltadas Spero Lvcem Post Tenebras, no sé. La última sé que debería titularse Esto es todo, amigos.

—¿De verdad crees que alguien entenderá la metáfora?

—Sí, ¿por qué no? Me parece oportuna, significativa…

—No sé. No termino de verla. Y menos en esta parte del libro.

—No entiendo.

—Pues que aquí se suele poner una dedicatoria, alguna cita destacada, alguna imagen, pero no eso que quieres poner sobre las fases del aterrizaje de un avión.

—¿Y no crees que si lo pongo de manera…, no sé, de alguna manera diferente… más llamativa, más… se entenderá lo que quiero decir?

—Alguien que no te conozca o que, conociéndote, no sepa de esta secreta afición tuya por la aviación no entendería por qué, en esta parte tan destacada del libro, hablas de las fases del aterrizaje de una aeronave.

—Bueno, a decir verdad, no pensaba hablar de las fases, sino de una en concreto. Este libro vendría a ser la antepenúltima; el siguiente libro, la penúltima; y, por fin, habría un tercero que vendría a ser la última, la que recoge el contacto con el suelo.

—¿Qué deseas que piense el lector? No capto qué buscas en realidad.

—Que este vuelo escritor, que me ha llevado a publicar mucho desde 1998, ahora, próximo como estoy al medio siglo, ha finalizado.

—Pero, ¿vas a terminar? ¿Es esa tu intención? ¿Deseas que aterrice el avión y adiós a los libros?

—No exactamente. Deseo que el vuelo termine, pero no tengo claro que desee dejar de ser piloto.