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¿Qué pensará Leonor?

Lejos de España, en otro ambiente, rodeada de individuos que conocerá por primera vez, con los que se prevé tenga un trato asiduo y que, quizás, escapen al presupuestado control familiar, ¿llegará Leonor a pensar en ella, en su situación, en la razón última que subyace en el modo de vida que tiene? ¿Cavilará en lo que es la monarquía tomando como referencia a su padre? ¿Tendrá presente a su abuelo paterno? Es adolescente. La suya es una etapa vital complicada, inestable en su condición de juntura de placas tectónicas: a un lado, la niñez; al otro, la juventud o, abiertamente, la adultez. Muy próximo estoy a las dos décadas como profesor de secundaria. Alguna idea tengo sobre el periodo que atraviesa la primogénita de los actuales reyes de España.

¿Qué pensará Leonor? ¿Tiene acceso libre a la información que circula en internet o se le ha impuesto algún tipo de incomunicación con el fin de protegerla? Si se hubiera dado el bloqueo, ¿sabría que su conocimiento de la realidad hasta ahora ha sido tamizado por culpa de una estrecha vigilancia a la que ha podido ser sometida? ¿Sabe que fuera de las paredes del palacio hay un mundo sumamente complejo que, descubierto y experimentado, podría transformar su cosmovisión? ¿Ha leído y comprendido La vida es sueño de Calderón de la Barca? Si la ha visto, ¿se le ha ocurrido pensar que su existencia hasta ahora ha podido ser como la del protagonista de El show de Truman? No afirmo que haya sido así, aunque sea cierto que tampoco lo niego. No lo sé.

¿Es consciente Leonor de que el valor de la institución a la que pertenece y que, según lo previsto (que no es necesariamente lo deseable), deberá representar algún día sustituyendo a su padre se fundamenta en la continuidad? ¿Asume, por tanto, que ha de ser madre para que su línea dinástica permanezca y sus opciones de reinado se mantengan inalterables? ¿Entiende que su maternidad, además, solo puede darse bajo unos parámetros muy concretos: descendencia propia y vínculo rubricado y legalizado con el padre? Aunque es muy joven todavía, me pregunto si ha pensado en lo que significa ser madre soltera. Quiero creer que sabe de qué hablo cuando utilizo la expresión “madre soltera”. Si así fuera, ¿se ha imaginado que pudiera llegar a serlo? Simple recreación mental, no más. Que conste que no lo digo atento a la consideración de que pueda cometer una imprudencia, no, por ahí no van mis tiros; sino por voluntad propia, como resultado de una decisión meditada similar a la de tantas mujeres que optan por este tipo de maternidad.

¿Y en no tener la experiencia biológica de la gestación y el parto, y sí, en cambio, la administrativa de la adopción? ¿Lo ha pensado tras conocer algún caso en su instituto o viendo la tele, o…? ¿Qué piensa sobre las adopciones? ¿Y sobre los embarazos subrogados? Me cuesta aceptar que una joven de nuestros días, con un mínimo de formación intelectual, no tenga alguna noción de estos asuntos. Intuyo que algo se habrá comentado al respecto en clase, en las actividades complementarias de su anterior centro educativo… Algo, ¿no?

¿Y si la sola idea de la maternidad, por la causa que sea, le desagrada, contraria, aterra…? ¿Ha llegado a pensar en que, si así fuera, debería ser capaz de decir «no, por ahí no paso»? Repito, es muy joven todavía, lo sé, pero ya tiene una edad para, cuanto menos, formularse preguntas de esta naturaleza, aunque todos seamos conscientes de que las respuestas solo puede darlas el tiempo y las circunstancias. No creo que ella sea, en este sentido, muy distinta de cualquier otra chica de su edad con un mínimo de información y de curiosidad.

¿Conoce los filtros que se aplicarán y los obstáculos que deberán superar los candidatos a ser los padres biológicos de su descendencia? ¿Y si se enamora de alguien de su mismo sexo? ¿Y si le prohíben estar con esa mujer o ese hombre con quien desea pasar el resto de su vida? Aunque los asesores de la institución y sus progenitores lo estimen necesario y ella no pretenda contrariar a nadie, me pregunto si considera justo renunciar a compartir su intimidad y cotidianeidad hasta el fin de sus días con la persona elegida. ¿Dirá «no merece la pena este sacrificio» si se diera el caso? ¿Piensa Leonor en la cantidad de veces que tendrá que acatar aquello que, fuera del palacio, jamás podría serle impuesto, como, por ejemplo, amar a quien te ama?

¿Y si, en esa conformación del pensamiento crítico aderezado con el habitual punto de rebeldía propio de la edad y con la información obtenida y contrastada con otras fuentes, concluye que se identifica más con el ateísmo? ¿Y si un día llega al convencimiento de que no desea seguir profesando la religión católica como sus progenitores? ¿Lo ha pensado alguna vez? ¿Es consciente de lo que ello supondría si se diera el caso? ¿Percibe que tiene o que tendrá libertad para decir: «mamá, papá, quiero apostatar»; o, por esos giros de guion que da la vida, declarar que se siente más próxima al islamismo o judaísmo que al cristianismo?

¿Qué pensará Leonor de este desmedido señalamiento de los medios de comunicación del que es objeto cuando la convierten en referente por cómo viste o por los abalorios que lleva? ¿No le agobia el constatar que hay muchas personas pendientes de lo que haga o de lo que deje de hacer? ¿Ha llegado a pensar en alguna ocasión que recibe demasiadas alabanzas por el simple hecho de ser la primogénita del rey y, en consecuencia, la heredera del trono? ¿Piensa Leonor en si sus “méritos” justifican la considerable cantidad de genuflexiones que hay a su alrededor?

Como los siervos que iban detrás de los generales romanos cuando desfilaban triunfantes, espero que tenga siempre muy cerca de ella a alguien que le recuerde de tanto en tanto que solo es humana y que nada de los asuntos humanos le es ajeno, que todo es efímero (“memento mori” decían los citados servidores) y que los mismos que con facilidad te ensalzan de igual modo te dejarán caer cuando no les convengas. Confío en que sepa y que nunca olvide que el azar la ha situado donde está, siendo la hija de una reina, como pudo serlo de cualquier otra señora distinguida (una empleada de un establecimiento comercial, una profesional por cuenta ajena, una autónoma, una desempleada, una empresaria, una trabajadora del sector hostelero, una campesina, etc.); y no siendo la segunda, la otra, como ocurre con su hermana Sofía, sino la primogénita, la protagonista de estas palabras que lees y que giran en torno a la posibilidad de que ella piense en su situación y en el sentido que puede tener su actual modo de vida: lejos de España, en otro ambiente y rodeada de individuos que conocerá por primera vez, con los que se prevé que haya un trato asiduo y que, quizás, escapen al presupuestado control familiar ejercido para evitar que las hipotéticas preguntas planteadas en este escrito vayan por donde no se espera que lo hagan.